
La quiebra de Pdvsa versión 5.0

Sammy Eppel
Releyendo El desastre,
ese clásico de la iconografía política venezolana, donde como moderador Pedro Duno, se plasmó en
más de 350 páginas las conversaciones de Domingo Alberto Ringle y Juan Pablo Pérez Alfonzo,
sobre temas de interés nacional a
partir de 1945 y hasta 1976, año de
publicación de dicho libro. En él
se trató con toda rigurosidad el
tema petrolero y
se hace una serie
de diagnósticos
a futuro, que a
pesar de haber
sido desarrollados hace 25 años,
por esos dos pesos pesados, hoy
se están cumpliendo como corolario del famoso dicho que 'nadie es profeta en
su tierra'. Es obvio que los políticos que por 42
años han manejado a su antojo esta seudodemocracia tercermundista y socialistoide, son todos unos 'genios'
sabelotodos que desechan y desprecian todo lo que no sea de su
propio repertorio, llamándonos
cada 5 años, ahora 6, a 'refundar'
la patria, derrumbar lo construido y comenzar de cero. Chávez ha
sido la excepción, no por el llamado a caerle a mandarriazos a todo,
sino porque realmente lo llevó a
cabo. Por esa razón nos encontramos hoy día nuevamente al borde
del precipicio empujados por la
presión social creada por la creciente expectativa de un discurso
populista sin revolución, sin proyecto y sin proceso. Si echamos
un vistazo a nuestro desolador
rededor, veremos que sólo existe
un actor, el comandante Presidente.
La muestra más patente y patética de ese narcisismo político es
Pdvsa, la primera empresa del
país ha tenido tres presidentes en
18 meses y para los que tenemos
medianos conocimientos del manejo gerencial, eso es mortal.
Chávez piensa y actúa en términos beisboleros, donde todos somos peloteros que pueden ser
desechados cual barajitas, menos él, porque además de ser el
manager, que en efecto lo es,
piensa que es también el dueño y
que por lo tanto nadie lo puede
botar.
El caso de Pdvsa es emblemático, pues Chávez pone a Ciavaldini para vengarse de las 'cúpulas'
que no le dieron suficiente puntuación y lo 'sacaron' del juego
petrolero. De esta manera se confunde cuál es el verdadero rol de
Pdvsa, se pretende convertirla en
un elemento de cambio social y
revolucionario,
cuando su única y
verdadera misión es
producir petróleo,
venderlo y ganar dinero. De ahí el fracaso. Los aderezos políticos no forman parte
de su razón de ser
como empresa y si no
queremos hacerle
caso a Pérez Alfonzo,
entonces veamos hacia fuera el caso de la
'quiebra' de Pemex,
cuando llegó a producir un millón de barriles y a tener un
millón de empleados. Ahora bien,
la desastrosa gestión de Ciavaldini, que prácticamente duplicó los
costos de la industria, sólo se
salva en vista de los altos precios
del crudo y tampoco es su culpa,
el responsable del acto de corrupción es el 'manager' que lo sacó
del doble A y lo puso a lanzar en
las grandes ligas. Porque vamos a
estar claros, si a alguno de nosotros, meros mortales, se nos acercase el Presidente diciéndonos
'camarada: debido a su lealtad y
compromiso revolucionario lo
nombro presidente de Pdvsa',
todos estaríamos dispuestos a
aceptar, al fin y al cabo es tremenda chamba.
En lo que al general Lameda se
refiere, no tengo nada que decir,
por ahora, el hombre tiene toda
clase de méritos y su formación
castrense no debe ser un impedimento a poder realizar una buena
labor, pero si ésta estuviese signada por la obediencia incondicional y sumisa al superior jerárquico, entonces se trataría de
otro fracaso anunciado. 'Nadie,
sino la mayoría, es soberana.
Es un tirano el que se pone en
lugar del pueblo; y su potestad,
usurpación' (Simón Bolívar
1826). ¡Será!
sammy@eppel.net

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