Por qué a 'veces' no creo en Dios
Sammy Eppel
EN DIAS PASADOS, me tocó una de las peores experiencias
de mi vida, dudar sobre la existencia de un ser supremo. En la
televisión norteamericana, estaban pasando el evento de la ejecución
por inyección letal de un criminal, que diez años antes había
secuestrado, torturado, violado, sodomizado y asesinado a una niña
de doce años. Y que durante todo ese tiempo había estado recluido en
una prisión tipo 'hotel' donde dormía en una cama, ingería tres
buenas comidas al día y vestía ropa limpia, esperando que la
justicia colmara todos los posibles resquicios legales de los cuales
se valieron sus abogados para salvarlo a pesar de haber confesado su
crimen. Debo aclarar que el reo también había cometido cantidad de
abominables actos criminales durante casi toda su vida, pero estaba
siendo ajusticiado sólo por el ya mencionado. Ahora bien, lo que me
llenó de indignación es que un 'paneo' de las cámaras en las afueras
de la prisión, se mostraba un grupo de cientos de personas que
efectuaban una vigilia con pancartas y velas encendidas abogando por
la abolición de la pena de muerte en el nombre de Dios y dando como
razón en entrevistas, que la vida la daba Dios y que sólo El la
podía quitar. Suponiendo que eso fuese cierto, yo les diría que
sería para mí muy difícil creer que el Todopoderoso, hubiere creado
semejante monstruo, y que en el supuesto negado que lo hubiese
hecho, entonces seguramente se equivocó y lo menos que pudiésemos
hacer es ayudarlo a remediar tal situación, como en efecto se hizo.
Días después me tocó por casualidad conocer en Barquisimeto a un
grupo de jóvenes de la República de Georgia, parte de la antigua
Rusia, que llenos de vitalidad y talento, intentaban a través del
ballet y la danza tanto clásica como típica, dar a conocer al mundo
su folklore. Una de ellas, de apenas veinte años, fue asesinada sin
ninguna razón, por uno de esos tantos monstruos que pululan a lo
largo y ancho de nuestra querida y sufrida Venezuela. Me imagino que
el sentimiento de dolor, rabia e impotencia fue igual en los padres,
familiares y amigos de ambas niñas. Y mientras el país se estremecía
por esta tragedia tantas veces repetida en más de doscientos
asesinatos semanales, al gobernador del estado no se le ocurrió otra
cosa que decir que ella debió tener más cuidado. El mensaje fue
claro: la única manera de tener cuidado es no venir nunca a
Venezuela. También me imagino que como funcionan las cosas en este
teatro de lo absurdo en que se ha convertido la patria de Bolívar,
la próxima parada del gobernador será como ministro de Turismo, al
fin y al cabo sus méritos revolucionarios son tan variados como
haber roto la barrera del sonido sobre Caracas durante el golpe y
supuestamente haberle presentado al Presidente a su actual esposa.
¡Será!
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