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Caracas, jueves 10 de enero, 2002
opi

La dignidad


Sammy Eppel

TANTO FIDEL como Chávez utilizan profusamente y con absoluta ligereza el vocablo 'dignidad' en sus discursos, cuando no tienen nada que agregar a la hojarasca dialéctica con la que agreden a la sociedad, y pretenden hacer creer que existe tal cosa como la dignidad revolucionaria y que ellos son la viva muestra de que eso es cierto. Para ellos, un hombre es digno sólo cuando abandona su trabajo y sus deberes familiares y se entrega en cuerpo y alma a la revolución y a sus líderes. Según yo entiendo, la única manera de devolverle a alguien su dignidad, es dándole la posibilidad de ganarse la vida honestamente y que en la medida de sus posibilidades, provea por su familia y les enseñe los principios éticos, morales, familiares y religiosos que derivan de llevar una vida sana y en paz. Yo no creo que sea una actividad digna el apoderarse de los recursos del erario público, como tampoco lo es el cobrar como funcionario público tanto elegido como ungido y dedicar ese tiempo por el que todos pagamos, a la actividad que le ordene el comandante. No creo que exista dignidad en ser parlamentario y traicionar la voluntad popular y a su propia conciencia. No creo que sea digno, que un militar utilice su cargo para enriquecerse indebidamente. En otras palabras, creo que la dignidad es una condición y un derecho humano que no distingue entre razas, religiones y capacidad económica. Y por lo tanto, es una infamia pretender que los chavistas tienen un monopolio de la dignidad. No dudo que existan ciudadanos dignos que honestamente crean en Chávez, están en su derecho.

Un viejo dicho reza que 'no hay dignidad entre ladrones' y otro muy sabio que dice 'en el siglo de las luces, del pecho de ladrones penden las cruces'.

Chávez nos dice que lo que ocurrió en Argentina es culpa del neoliberalismo salvaje, y a propósito se olvida de la tremenda corrupción y del populismo que dieron al traste con los sueños de millones de familias de dignos ciudadanos argentinos. Lo mismo está ocurriendo en nuestra querida y sufrida Venezuela, donde las hijas de la patria están siendo subastadas y envilecidas por una nueva casta de filiquintrines revolucionarios que como por arte de magia, siempre tienen los bolsillos repletos de billetes. ¿Será a eso lo que Chávez llama dignidad?, ¿se olvida Chávez que Cuba bajo Fidel se convirtió en el más espectacular burdel del mundo?

Bien lo dijeron Marx y Engels en su discusión sobre la fallida revolución alemana de 1848 y a los que la propugnaron, al ver su fracaso, cambiaron su derecho a gobernar, por el derecho a enriquecerse. En la actualidad tenemos varios ejemplos de revoluciones fallidas en Libia, Irak y Cuba, donde sus pueblos padecen todo tipo de privaciones mientras sus líderes se cuentan entre los hombres más ricos del planeta. ¡Será!

www.eppel.net