Los niños de Chávez

Sammy Eppel
HACE CASI DIEZ AÑOS tuve el privilegio de formar parte
del pequeño grupo de apoyo a la Madre María Luisa Casar en su
trabajo por la niñez descolarizada y abandonada en los barrios de
Petare, luego iniciamos la Fundación que lleva su nombre, la cual a
su vez funda la Escuela Genaro Aguirre, en el sector conocido como
La Bombilla. Hoy en día es una institución modelo que da enseñanza y
cultura a 250 niños con atención integral que incluye comida y
atención médica, siendo esta última extensiva a toda la comunidad de
la zona. Todo esto no le cuesta nada al Estado y se maneja con un
presupuesto equivalente a una fracción de lo que el Gobierno asigna
a una institución de esas características. Me considero un ciudadano
sensibilizado con la problemática de la niñez y, por lo tanto, es
que me dio mucho gusto escuchar al presidente Chávez cuando en su
discurso inaugural, hace casi dos años, declaró la 'guerra' a la
infancia abandonada y juró renunciar si al cabo de un año quedaba
todavía algún niño de la calle. Lo que en aquel momento pareció ser
una esperanza se convirtió en otra mentira más. Hoy es claro que
Chávez es un mentiroso patológico y es algo tan lógico que parece
absurdo no habernos dado cuenta desde un principio. Toda su carrera
militar, Chávez vivió una doble vida, como soldado y como
conspirador y para llevar a cabo tal dicotomía era necesario mentir
todo el tiempo, debió mentir a sus superiores, a sus subalternos, a
sus amigos y a su familia. Es posible tratar de encontrar alguna
ética dentro de ese comportamiento, pues al fin y al cabo se trataba
de salvar la patria, lo trágico es que luego de logrado el objetivo,
el comandante continúa con la misma táctica. Me imagino que su
razonamiento es que si le resultó bien en el pasado por qué no
ahora. Los cuentos del lobo feroz y de Pinocho no son nada
comparados con una política de Estado basada en la mentira, el
engaño y la miseria del populismo que justifica conductas criminales
por parte de elementos antisociales, siempre y cuando sean por la
revolución y el 'bien común'. La mentira es un vicio como cualquier
otro, con el agravante que carcome la fibra moral del individuo, el
cual deja de percibir la línea divisoria entre el bien y el mal y,
por lo tanto, su mente borra todo principio. Durante algún tiempo
pensé que Chávez, a pesar de sus desmanes demagogos, tenía
sensibilidad social y que ésta a la larga triunfaría sobre las
tendencias esclavistas tomadas de Saddam, Kadafy y del
Castro-comunismo. 'No quieren creer los demagogos que la
práctica de la libertad no se sostiene sino con virtudes y donde
éstas reinan es imposible la tiranía. Así pues, mientras seamos
viciosos no podemos ser libres, désele al Estado la forma que se
quiera' (Simón Bolívar). ¡Será!
Sammy@eppel.net

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