Sammy Eppel
Chávez enterró simbólicamente al gran guerrero, y asume que
reivindicó al indigenismo militante y que por una trasmutación
ectoplásmica, él es ahora la reencarnación del ángel vengador que
redimirá 50 décadas de conquista, colonia y república, durante las
cuales los indígenas fueron marginados. Y para que eso ocurra,
Chávez reescribirá la historia al igual que todos los tiranos a
través de los siglos. El discurso fue una reedición de aquel sobre
los niños de la patria. Todo esto sería muy bonito si fuese de
verdad un proyecto altruista y de profundo contenido social para
sacar de la miseria y la mendicidad a los descendientes de las
etnias que junto con los negros y los blancos mezclaron su sangre y
crearon esta raza 'cósmica' que hoy puebla la patria de Bolívar.
Pero no, es solamente otra mentira en la cadena de infamias que es
la marca de fábrica de este ya insoportable régimen, y digo régimen
porque no lo puedo llamar gobierno, porque si fuese gobierno
existirían los poderes independientes y los mecanismos de consulta
típicos de una democracia. Y a pesar de que formalmente contamos con
los elementos indispensables para un estado de derecho, en la
realidad éstos no funcionan por estar 'arrodillados' ante el
todopoderoso Comandante. El cual para mantenerse en el poder,
propicia el asalto a los dineros del erario público por parte de sus
adláteres como mecanismo de creación de una reedición de la sociedad
de cómplices que varias veces en los últimos dos siglos destruyó a
Venezuela.
En otro frente, Chávez desencadena la lucha de clases con sus
comunistoides leyes habilitantes con las que finalmente se quita la
careta. Lo que viene ahora es básicamente una guerra, ojalá que sin
sangre, pero guerra al fin, donde el poder de las armas y la
intolerancia se enfrentarán a los ciudadanos armados únicamente con
el afán justiciero de no permitir la pérdida de la libertad, la cual
hoy se encuentra cercenada por Chávez y su grupo. Chávez ya dijo
ante la Asamblea, que no acepta ninguna revisión de leyes,
eliminando de esa manera al Poder Legislativo, sólo queda el TSJ, en
su gran mayoría convencidos de la inconstitucionalidad del paquete
de leyes de la habilitante. Cualquier estudiante de Derecho sabe
cuáles son los argumentos para rebatir la legalidad del ya famoso
paquete. Lo que ocurre, es que si el TSJ cumpliendo con su deber,
tumba las leyes de Adina, también tumba a Chávez. Y no creo que los
magistrados sean capaces de poner a un lado sus intereses
particulares e ideológicos, y acometer semejante acto de heroísmo
patriótico. Esto nos deja sólo una opción: la creación de
movimientos de 'cero tolerancia' a la injusticia y de irreductible
vocación de lucha por la restitución de nuestros derechos
ciudadanos. ¡Será!
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