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Caracas, jueves 27 de diciembre, 2001
opi

La venganza de Guaicaipuro


Sammy Eppel

Chávez enterró simbólicamente al gran guerrero, y asume que reivindicó al indigenismo militante y que por una trasmutación ectoplásmica, él es ahora la reencarnación del ángel vengador que redimirá 50 décadas de conquista, colonia y república, durante las cuales los indígenas fueron marginados. Y para que eso ocurra, Chávez reescribirá la historia al igual que todos los tiranos a través de los siglos. El discurso fue una reedición de aquel sobre los niños de la patria. Todo esto sería muy bonito si fuese de verdad un proyecto altruista y de profundo contenido social para sacar de la miseria y la mendicidad a los descendientes de las etnias que junto con los negros y los blancos mezclaron su sangre y crearon esta raza 'cósmica' que hoy puebla la patria de Bolívar. Pero no, es solamente otra mentira en la cadena de infamias que es la marca de fábrica de este ya insoportable régimen, y digo régimen porque no lo puedo llamar gobierno, porque si fuese gobierno existirían los poderes independientes y los mecanismos de consulta típicos de una democracia. Y a pesar de que formalmente contamos con los elementos indispensables para un estado de derecho, en la realidad éstos no funcionan por estar 'arrodillados' ante el todopoderoso Comandante. El cual para mantenerse en el poder, propicia el asalto a los dineros del erario público por parte de sus adláteres como mecanismo de creación de una reedición de la sociedad de cómplices que varias veces en los últimos dos siglos destruyó a Venezuela.

En otro frente, Chávez desencadena la lucha de clases con sus comunistoides leyes habilitantes con las que finalmente se quita la careta. Lo que viene ahora es básicamente una guerra, ojalá que sin sangre, pero guerra al fin, donde el poder de las armas y la intolerancia se enfrentarán a los ciudadanos armados únicamente con el afán justiciero de no permitir la pérdida de la libertad, la cual hoy se encuentra cercenada por Chávez y su grupo. Chávez ya dijo ante la Asamblea, que no acepta ninguna revisión de leyes, eliminando de esa manera al Poder Legislativo, sólo queda el TSJ, en su gran mayoría convencidos de la inconstitucionalidad del paquete de leyes de la habilitante. Cualquier estudiante de Derecho sabe cuáles son los argumentos para rebatir la legalidad del ya famoso paquete. Lo que ocurre, es que si el TSJ cumpliendo con su deber, tumba las leyes de Adina, también tumba a Chávez. Y no creo que los magistrados sean capaces de poner a un lado sus intereses particulares e ideológicos, y acometer semejante acto de heroísmo patriótico. Esto nos deja sólo una opción: la creación de movimientos de 'cero tolerancia' a la injusticia y de irreductible vocación de lucha por la restitución de nuestros derechos ciudadanos. ¡Será!

www.eppel.net