La cortina de paja
Sammy Eppel
DURANTE EL GOBIERNO de Lusinchi funcionaban las 'tribus'
judiciales y durante esa época se dio uno de los más infames juicios
en los anales de la criminalidad en Venezuela, me refiero al caso de
los 'pozos de la muerte' en Maracaibo, los hechos eran muy simples.
Se fusilaba al sujeto y luego se le lanzaba a las profundidades de
un pozo de 60 metros. Lo complicado era lo que giraba a su
alrededor: Tráfico de drogas, contrabando, asesinato y secuestros en
los que de una u otra manera aparecían supuestamente implicados
funcionarios públicos, policías y políticos. Con una situación tan
explosiva entra en escena el juez quinto penal del estado Zulia,
ante quien declaran investigadores de la talla del comisario general
Rafael Rivero Muñoz, cuyas actuaciones fueron 'desaparecidas' del
expediente, la presión política fue de tal magnitud y como al fin y
al cabo los cadáveres que hasta el momento habían sido sacados
pertenecían a 'delincuentes', el juez decide cerrar el expediente y
manda echarle cemento a los pozos y de esa manera tan 'tropical'
crea un cementerio de desconocidos y deja impune a los perpetrados.
Ustedes dirán, cuál es el problema, al fin y al cabo se trataba de
conductas típicas de otras épocas donde jueces y políticos actuaban
cual 'mafias' todopoderosas que se revolcaban en el estercolero de
la corrupción. Pues bien, el problema estriba en que el juez de
marras es nada más y nada menos que el abogado y doctor en leyes
Iván Rincón Urdaneta, actual presidente del TSJ. Y como se desprende
de sus actuaciones al frente de lo que podría considerarse la
consultoría jurídica de Miraflores, sigue tan complaciente como
siempre con su padrinos políticos. En todo gobierno pueden ocurrir
desafueros, errores y actos reñidos con la letra constitucional y
éstos pueden proceder de cualquier poder del Estado, pero los
ciudadanos de buena voluntad siempre pensamos que para eso está el
TSJ, para impartir la verdadera justicia. Es mi opinión que no
existe peor cobardía que la denegación de justicia por parte de los
que juraron defenderla y la actual Corte Suprema al igual que los
demás poderes, está al servicio de un solo hombre al cual deben
complacer aun a riesgo de sus propias almas. ¡Qué triste papel! La
decisión 1013 es un caso típico de argumento goebbeliano, donde se
mezclan verdades y mentiras, legalidades e ilegalidades,
jurisprudencia y política que disluye los límites y convierte una
incoherencia política estructural en ley de la República. La
libertad es limitada por las leyes, para eso existen las
constituciones. Pero cuando se pretende coartar los derechos
humanos, entonces estamos disfrazando de legalidad la tiranía.
'Saber y honradez, no dinero, es lo que requiere el
ejercicio del poder público' (Simón Bolívar). Será!!!
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