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Andrés Mata
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Caracas, jueves 29 de noviembre, 2001
opi

Diálogo posmortem entre la hoz y el martillo


Sammy Eppel

CHAVEZ VIOLA la Constitución que él mismo redacta al proclamar inconsultamente 49 leyes, 28 de ellas en una semana. Y al hacerlo violó nuestros derechos democráticos, cuyo centro es el derecho a la participación de los ciudadanos en los asuntos que le conciernen. Por lo tanto estas leyes, de acuerdo a la carta democrática de la OEA, son nulas e írritas y no deben ser obedecidas. Sin embargo, el desorden creado a propósito tiene un fin específico. Chávez no aguanta ser Presidente y tener que seguir ciertas normas de convivencia ciudadana, no, él quiere ser dictador a perpetuidad al igual que su héroe Fidel y para que eso ocurra de manera 'espontánea', debe fomentar el caos. Parece increíble que un jefe de Estado se convierta en un 'malandro' a sabiendas que cuando las normas que rigen la interacción civilizada entre seres humanos son 'suspendidas', sobreviene la anarquía y salen a flote los más bajos instintos. Lo que Chávez no sabe es que el instinto más fuerte del ser humano es el de supervivencia y que las épocas en que las muchedumbres impotentes se dejaban llevar al matadero, no son repetibles. El diálogo que Chávez hoy propone es un absurdo, pues éste debió darse durante los tres últimos años y no luego de haber consumado la 'violación' de Venezuela. Siempre fui un crítico de los 40 años de seudodemocracia, pero también admití las cosas buenas y los logros de esos gobiernos, como también pensé que el experimento chavista, con su promesa de acabar con la corrupción y la inseguridad, esos dos grandes flagelos cuya resolución siempre fue refractaria, tenía validez. Es para mí muy deprimente tener que sentarme a redactar periódicamente estos escritos y no conseguir ni una sola cosa buena que comentar sobre la conducción actual de la República. Los ciudadanos de buena voluntad no podemos darnos el lujo de permitir la implantación en Venezuela de un régimen comunista de corte dictatorial, ¿cómo justificaríamos la apatía ante nuestra descendencia? Las pequeñas victorias que la sociedad civil ha logrado arrancar de las garras del homólogo venezolano de Gaddafy, Hussein y Castro, no han sido una concesión del líder, ni significan una corrección del rumbo. Todo lo contrario, son minirretiradas estratégicas para atacar por otro flanco, Chávez percibe la política y la intriga, como una guerra, sólo que esta guerra es contra su propio pueblo. Chávez siempre dijo que él hacía lo que le daba la gana porque su poder era originario y que su legitimidad venía de su popularidad, pues bien la última encuesta con cientos de miles de consultados, la masa obrera, sólo le da un mísero 12 a 15%. 'Más hace un intrigante en un día que cien hombres de bien en un mes'. (Simón Bolívar).

¡Será!

www.eppel.net