Sammy Eppel
CHAVEZ VIOLA la Constitución que él mismo redacta al
proclamar inconsultamente 49 leyes, 28 de ellas en una semana. Y al
hacerlo violó nuestros derechos democráticos, cuyo centro es el
derecho a la participación de los ciudadanos en los asuntos que le
conciernen. Por lo tanto estas leyes, de acuerdo a la carta
democrática de la OEA, son nulas e írritas y no deben ser
obedecidas. Sin embargo, el desorden creado a propósito tiene un fin
específico. Chávez no aguanta ser Presidente y tener que seguir
ciertas normas de convivencia ciudadana, no, él quiere ser dictador
a perpetuidad al igual que su héroe Fidel y para que eso ocurra de
manera 'espontánea', debe fomentar el caos. Parece increíble que un
jefe de Estado se convierta en un 'malandro' a sabiendas que cuando
las normas que rigen la interacción civilizada entre seres humanos
son 'suspendidas', sobreviene la anarquía y salen a flote los más
bajos instintos. Lo que Chávez no sabe es que el instinto más fuerte
del ser humano es el de supervivencia y que las épocas en que las
muchedumbres impotentes se dejaban llevar al matadero, no son
repetibles. El diálogo que Chávez hoy propone es un absurdo, pues
éste debió darse durante los tres últimos años y no luego de haber
consumado la 'violación' de Venezuela. Siempre fui un crítico de los
40 años de seudodemocracia, pero también admití las cosas buenas y
los logros de esos gobiernos, como también pensé que el experimento
chavista, con su promesa de acabar con la corrupción y la
inseguridad, esos dos grandes flagelos cuya resolución siempre fue
refractaria, tenía validez. Es para mí muy deprimente tener que
sentarme a redactar periódicamente estos escritos y no conseguir ni
una sola cosa buena que comentar sobre la conducción actual de la
República. Los ciudadanos de buena voluntad no podemos darnos el
lujo de permitir la implantación en Venezuela de un régimen
comunista de corte dictatorial, ¿cómo justificaríamos la apatía ante
nuestra descendencia? Las pequeñas victorias que la sociedad civil
ha logrado arrancar de las garras del homólogo venezolano de
Gaddafy, Hussein y Castro, no han sido una concesión del líder, ni
significan una corrección del rumbo. Todo lo contrario, son
minirretiradas estratégicas para atacar por otro flanco, Chávez
percibe la política y la intriga, como una guerra, sólo que esta
guerra es contra su propio pueblo. Chávez siempre dijo que él hacía
lo que le daba la gana porque su poder era originario y que su
legitimidad venía de su popularidad, pues bien la última encuesta
con cientos de miles de consultados, la masa obrera, sólo le da un
mísero 12 a 15%. 'Más hace un intrigante en un día que cien
hombres de bien en un mes'. (Simón Bolívar).
¡Será!
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