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Caracas, jueves 23 de septiembre, 1999
opi

Roosevelt y Chávez

Sammy Eppel

Estados Unidos es la primera potencia del mundo, es más, casi todos asumimos que esa aura todopoderosa siempre existió. Pero hace 60 años el gran país del Norte se encontraba sumido en 'la gran depresión'. La cual fue causada por la especulación finnciera sin control que originó el 'crash' del año 29 con resultados tales como desempleo del 28%, subempleo del 40%, quiebra del 30% de las empresas, caída del 40% del producto territorial bruto, devaluación de la moneda, hambre y miseria para millones. En pocas palabras el país se encontraba al borde del colapso y del caos. Basta con mencionar los comedores libres que servían más de 20 millones de comidas al día a los desempleados e indigentes. Para salvar al Estado y sus instituciones hacía falta el hombre milagro; Franklin Roosevelt. Un político de conciencia social, pero también tenía el gran atributo del pragmatismo y del sentido común. Y dándose cuenta que la salvación dependía de poner a la gente a trabajar, implementó una política de obras públicas de gran envergadura, tales como el sistema de autopistas, vías férreas, puertos y aeropuertos, que no sólo motorizaron de inmediato la economía, sino que también sirvieron de infraestructura para el desarrollo futuro. Incurrió en gran déficit y gastó las reservas, pero cumplió con su deber. Los resultados están a la vista. Todo esto se llevó a cabo sin violentar el Estado de derecho e implantando el más completo sistema de seguridad social. La fortaleza obtenida le permitió cargar con las necesidades industriales para ganar la II Guerra Mundial, el resto es historia.

En Venezuela nos encontramos en medio de una gran crisis no muy diferente a la ya mencionada. Pero con el agravante que el Estado-empresario está prácticamente quebrado por el peso de cientos de empresas, de los dos millones de empleados y de la corrupción. Y como al Gobierno ya no le alcanza con el ingreso petrolero, tiene que cobrarnos impuestos que equivalen al 50% del consumo. Imagínense al desempleado que pide prestado para poder comprar lo básico y se da cuenta que lo que adquirió no le alcanza porque casi la mitad fueron tributos al Estado. Señores gobernantes, el cobrar y no dar nada a cambio crea frustración, desamparo y odio; todos, ingredientes clave en la ecuación de la bomba atómica social en que 42 años de seudodemocracia socialistoide y tercermundista han convertido a nuestra querida y sufrida patria.

Y entonces qué es lo que nos hace falta; ¡lo adivinaron! ¡El hombre providencial! Y esa es precisamente nuestra paradoja; normalmente son las instituciones y no los individuos, las que tienen mayor importancia, por el simple hecho de que las primeras son permanentes y los segundos no. Aquí hemos logrado algo verdaderamente insólito, como es el desprestigio de las instituciones básicas que conforman la fibra ética y moral de la sociedad, y no dejando otra salida que el personalismo populista y autoritario. Si esto es así, hemos botado a la basura 40 años.

Aparentemente y por ahora, Chávez tomó la decisión de emprender una política agresiva de obras de infraestructura, eso está muy bien. Pero le voy a pedir un solo favor al ciudadano Presidente, 'no regale nada', ya somos un pueblo acostumbrado a la mendicidad por obra y gracia de un sistema de 'reparto' feudal y partidista. Pero si está en su empeño regalar, entonces que sea educación, seguridad, salud y justicia.

'No quieren creer los demagogos que la práctica de la libertad no se sostiene sino con virtudes y donde éstas reinan es importante la tiranía, así, pues, mientras seamos viciosos no podemos ser libres, désele al Estado la forma que se quiera' (Simón Bolívar 1828). ¡Será!

sammyeppel@hotmail.com



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