
La revolución se traga a sus hijos

Sammy Eppel
La palabra anarquía significa 'sin cabeza' y uno
de sus primeros propulsores como forma de expresión política fue Mikhail Bakunin; éste sostenía que todo el
que poseía algún privilegio, sea
éste político, académico, social o
económico, era un depravado y
debía ser eliminado y que el
revolucionario anarquista no
debía permitir que argumentos
religiosos, morales o patriotas lo
alejasen de su misión de destruir
el orden establecido.
Sólo la democracia tiene como
postulado esencial el respeto a
las minorías, por lo tanto, una
revolución democrática no puede llamarse tal si su razón de ser
es la destrucción de todo vestigio
de discrepancia. En nuestra querida y sufrida patria estamos
pasando por una situación inédita en los anales de la historia
política contemporánea: todas
las instituciones fundamentales
para el sostén de una sociedad
democrática tales como los partidos, el Congreso, la Corte Suprema, la Constitución, el CNE,
las Fuerzas Armadas, los sindicatos y gremios profesionales, la
educación pública y privada, las
gobernaciones, alcaldías, las policías, las cortes, la propiedad
privada, la libertad de prensa y
cualquiera otras, están siendo
demolidas en nombre del soberano, representado por un solo individuio al cual se le atribuyen
cualidades de divinidad. La razón principal para este estado de
cosas, y aquí especulo, es que el
ciudadano Presidente se suscribe a la teoría fascista-ceresoliana de la anarquía necesaria, la
cual sostiene que el orden sólo
nace del caos, como que si no
hubiésemos tenido suficiente
con el desorden de 40 años de
pseudodemocracia socialistoide
y tercermundista.
Sería hasta preferible que el comandante en jefe diese su autogolpe porque, aunque parezca
absurdo, por lo menos sabríamos a qué atenernos. En cambio
se escogió el camino estalinista
de la muerte lenta, una especie
de sadomasoquismo político que
desgasta y agota al enviar al
Gulag revolucionario a todas
aquellas personas e instituciones poseedoras de reservas éticas y morales. Este plan hegemónico y totalitario en su inexorable marcha hacia el pasado entra
en su etapa cumbre al engullirse
a sus hijos ilustres. Todo comenzó por el comandante William
Izarra, fundador y organizador
del MVR, ahora le toca el turno a
los otros tres comandantes, sin
contar a la multitud de 'tontos
útiles' civiles que ya fueron desechados. Esto no debe sorprendernos, todo proceso revolucionario personalista como el de
Stalin en la Rusia soviética y los
de Libia, Irak, China, Corea del
Norte y Cuba, 'desaparecieron'
a los más íntimos colaboradores
de sus líderes. Fidel se queda
sólo a los 18 meses y Chávez está
a punto de batir el reto del
'maestro'.
Por los vientos que soplan y si el
'proyecto' se consolida, tendremos a Chávez en Miraflores por
más tiempo que Pinochet en Chile; por lo tanto, queridos compañeros de la tierra de Bolívar,
mejor nos vamos acostumbrando a los comités revolucionarios
de seguimiento (puede ser otro
nombre), que pronto harán su
aparición en cada barrio y urbanización del país. Esto lo comprobé cuando al visitar una zona
agrícola le pregunté a un campesino que mantiene el mismo estatus ya varias décadas, ¿por qué
él es chavista? Y me contestó que
porque Chávez prohibió los sobrevuelos a los aviones norteamericanos que dispersarían drogas sobre los sembradíos de frutas y hortalizas, es obvio que el
adoctrinamiento ya comenzó.
'Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en
un mismo ciudadano el poder. El
pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la
usurpación y la tiranía' (Simón
Bolívar, 1819). Será!!
sammyeppel@hotmail.com


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